Los Pumas y el 2 de abril
Hace unos dÃas, cuando se recordaba el desembarco del Ejército Argentino en las Islas Malvinas en 1982, escuché en una radio esta pregunta: ¿Dónde estabas en aquel 2 de abril? Inmediatamente, irrumpieron mis recuerdos porque, en esa jornada que se incorporó a nuestra historia, yo estaba en Sudáfrica, acompañando a Los Pumas. Claro, no usaban el apelativo que, también en esa nación africana y en 1965, se bautizó a nuestro equipo nacional. Se los llamó "Sudamérica XV", pues estaban nuestros rugbiers pero también algunos hombres de Uruguay, Chile, Paraguay y Brasil.
Aun cuando los dirigentes de ese combinado -según me lo dijeron después- tenÃan noticia de la invasión a Las Malvinas, no le dieron la noticia a los jugadores. Tampoco yo lo supe porque no me comuniqué, en la jornada previa , con la radio que me habÃa enviado al Africa. Por lo tanto, lo sucedido después del partido, fue un impacto que quedó para siempre en mi memoria.
Primero una referencia al rugby. Sudamérica XV enfrentó por primera vez al seleccionado sudafricano el 27 de marzo, en Pretoria. Yo titulé ese partido con este nombre " Cayeron por no contest", una expresión del boxeo que sintetiza al púgil que, vencido y "knock out", permanece de pie. El Combinado Sudamericano- todos argentinos- peleó de igual a igual hasta que faltaban 15 minutos. El resultado parcial era de 20-18. Pero hasta allà llegaron los del sur de América; extenuados , sin fuerzas para tacklear y detener a los gigantes de camiseta verde. En esa parte final del test-match, Sudáfrica marcó 30 puntos y, finalmente, ganó 50-18.
Nadie daba un centavo por los sudamericanos para la revancha , que una semana después, se disputó en Bloemfontein, una de las ciudades surgidas por la fiebre del oro. Por suerte, nada está determinado en las acciones de los hombres. Contra todos los pronósticos, Los Pumas ( disfrazados de Sudamérica XV) lograron una victoria extraordinaria, la única hasta ahora ante los Springboks. Fue el 3 de abril de 1982, un dÃa después de la llegada de nuestros soldados a las Islas Malvinas.
¿ Qué habÃa pasado de una semana a la otra ?¿ Cómo se logró ese triunfo? La primera explicación la aportan los jugadores de ese equipo ( aunque me comprenden las "generales de la Ley", destaco que habÃa seis hombres del CASI, más el entrenador Rodolfo O¨Reilly) aptos para jugar con coraje y entereza ante cualquier oponente. Después lo que pocos saben: el mencionado "Michingo" O¨Reilly consultó a un despechado ex entrenador de los Springboks, quien le dio algunos consejos . Por último, la referencia al extraordinario Hugo Porta quien marcó todos los puntos de Sudamérica xv ( 1 try,4 penales, 1 drop-gol y 1 conversión). Para sorpresa del mundo del rugby, los modestos "sudacas" ganaron 21-12 y apabullaron con su garra y determinación a los célebres sudafricanos.
Como pueden imaginarse, yo estaba exultante al terminar el cotejo. No existÃan los teléfonos celulares y tampoco tenÃa dinero para alquilar uno normal. Por lo tanto, me desesperé para que me prestaran uno y comunicar la noticia a Radio Rivadavia, la emisora donde trabajaba en ese año 1982. Los periodistas locales , malhumorados, se negaron porque no les daba la gana colaborar con un argentino y, además, porque muchos de ellos trabajaban para los "Sunday papers", los diarios de los domingos que, en Sudáfrica, cerraban los sábados bien temprano y se distribuÃan esa misma noche.
¿Saben quién me ayudó? Una radio de negros que no ocultaban su satisfacción y su alegrÃa por el éxito de los sudamericanos ante los "boers" blancos, a quienes consideraban brutos e ineptos para jugar al fútbol ( el deporte de los "colors" sudafricanos desde siempre) .
Cuando me conecté con la radio de Buenos Aires , me atendió un operador, ya que era el mediodÃa en la Argentina. Apurado, eufórico y nervioso le dije: ¡¡ Ponéme al aire : Los Pumas vencieron a los Springboks, uno de los mejores seleccionados del mundo..!! Del otro lado del Atlántico, primero silencio y, después, con voz de ultratumba, me respondieron : " A quién mierda le importa; hemos invadido las Islas Malvinas...". Esa frase , desde entonces, pasó a mi galerÃa selecta de anécdotas.
Con una rara mezcla de sensaciones, bajé de las tribunas a los vestuarios y, entre abrazo y abrazo a los muchachos vencedores de los Springboks, comuniqué la impactante noticia. O¨Reilly y el manager del equipo ya lo sabÃan. Los jugadores se enteraron casi al mismo tiempo que yo. Todos, por supuesto, se desesperaron por llamar a sus familias, amigos y novias. Mezclaban satisfacción, orgullo y, al mismo tiempo, preocupación por lo que pasaba en nuestra patria. También la frustración porque sabÃan que nadie, en nuestra tierra, le darÃa importancia a su hazaña en Bloemfontein.
Por razones de frecuencia de vuelos, tuvimos que quedarnos unos dÃas más en Sudáfrica. Mientras aguardaba el retorno a la Argentina, leà los diarios que no nos daban noticias gratificantes: decÃan que Gran Bretaña preparaba un ejército, con los pertrechos más modernos, para recuperar las Islas . Lo peor: afirmaban que tenÃan como aliado a Estados Unidos. Muy distinto a lo que me contaban mis colegas y mi mujer: entre nosotros se vivÃa un "triunfalismo" que, desde la distancia, me parecÃa incomprensible.
Finalmente volvimos a Buenos Aires y, el mismo dÃa , me llevaron al Club Náutico San Isidro, donde Los Chalchaleros cantaban y alentaban una colecta para los soldados. Vi gente que puso dentro de una enorme urna joyas, relojes muy caros, pesos y dólares . De una forma u otra, todos querÃan colaborar con el Ejército que habÃa recuperado nuestras Malvinas.
En medio de esa euforia estaba yo, con otro panorama por mi estada en el sur de Africa. Cuando volvÃamos a casa, le dije a mi mujer : " Mirá que estos gringos, con la ayuda de los yankees, le ganaron a Hitler". Mi negativa reflexión adelantaba lo que, un par de meses más tarde, sucedió: la derrota de nuestro ejército y la inútil muerte de muchos jóvenes soldados, que dieron la vida por nuestra patria.
Ya pasaron 28 años de aquellos sucesos en que uno de los momentos más gloriosos de nuestros Pumas ( sÃ, como Sudamérica XV) pasó inadvertido por la Guerra de Las Malvinas. Sin embargo, más allá del dolor por los muertos y el sinsabor por la derrota bélica , todos los que estuvimos esa tarde de abril de 1982, en Bloemfontein, conservamos el orgullo por haber batido a los poderosÃsimos Springboks. Los aplausos son para los jugadores y sus entrenadores. Para mÃ, la satisfacción por haber sido uno de los pocos que presenció esa hazaña, nunca repetida.






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