DOS HISTORIAS DIFERENTES
El rugby, luego de más de 40 años en el periodismo, me ha permitido vivir situaciones de excepción. Después de retirarme como jugador, irrumpió el hombre de prensa. La casualidad, la suerte y, quizás, la valoración de mi capacidad como comentarista en la prensa escrita, radial y televisiva, me permitió viajar con el Seleccionado Argentino, Los Pumas, por todas partes. Desde 1975 hasta el 2000 recorrí el mundo con el equipo nacional. Por supuesto, compartí emociones, alegrías y sinsabores. También situaciones de excepción, relacionadas con la política y la historia. Dos de éstas son las que quiero compartir ahora.
La película "Invictus" ha permitido que, mucha gente, descubra la Sudáfrica de Mandela y su comprensión de que el Mundial de Rugby de 1995 podía unir a su pueblo. El film también muestra algunos pantallazos de cómo era esa nación , cuando imperaba el nefasto "Appartheid", el desarrollo de razas separadas. Nosotros, los primeros Pumas y los que fuimos al Sur de Africa en giras posteriores , conocimos esa situación de los negros. Pero, más allá de nuestro rechazo a esa realidad social, fueron los sudafricanos blancos los que le dieron la gran oportunidad al rugby argentino .
En los ¨80, los Springboks estaban aislados; el mundo les hacía un boicot y no tenían contra quién jugar. El "Board" que , gracias a la gestión de Danie Craven, había organizado la gira de Los Pumas de 1965, apeló nuevamente a nuestro rugby para mantener activo a su equipo nacional. Pero, para no herir susceptibilidades , se armó un combinado sudamericano. Se lo llamó " Sudamérica XV" , formado por 20 argentinos, un brasileño, un paraguayo, dos uruguayos y dos chilenos. Eso pasó a comienzos de 1980, cuando en nuestra patria gobernaban los militares.
Con el heterogéneo equipo sudamericano, viajamos algunos periodistas. Arribamos a Ciudad del Cabo, bellísima en el otoño. Fue en esa localidad cuando comenzó mi primera historia. Aterrizó el avión y, en la escalera de bajada , estaba el embajador argentino Alvarez de Toledo, padre de un jugador de Newman. Lo acompañaban autoridades del rugby sudafricano y funcionarios de la embajada. Uno de ellos, un hombre rubio y saludable, me saludó con una sonrisa y me dijo: "¡ Qué hacés, Nicanor! Yo te vi jugar con Los Pumas y, también, en Mar del Plata, donde yo vivía.¡ Qué alegría verte!. Vení, yo te llevo al hotel".
Así pasó. El rubio me acompañó hasta su auto, mientras el grupo se iba en un ómnibus. Mientras nos trasladábamos hacia nuestro albergue, me informó que trabajaba en el consulado. Fue locuaz, cordial y me dio noticias sobre el rugby local. También se ofreció para acompañarme , el día siguiente, a la recepción que nos daría el embajador, en su residencia. A la hora convenida, el rubio pasó por mi hotel y nos fuimos en su vehículo a la casa de Alvarez de Toledo.
Siempre bien dispuesto, se puso a mi disposición: él se ocupaba de todo , si yo quería hacer turismo, salir a comer o llevarme al aeropuerto, cuando nos fuéramos al Johannnesburgo, ciudad del primer test de "Sudamérica XV" contra los Springboks. Después del cocktail en la casa del embajador ( ubicada al lado del mar) el rubio me hizo de chófer y, si yo hubiera querido, sería el "cicerone" en la vida nocturna .
Cuando continuó la gira, nuevamente el rubio estaba listo para ocuparse de mí. Lo saludé y nos fuimos al Transvaal, a la ciudad del oro. En la mañana del partido recibí un llamado de larga distancia: ¡ Era el rubio, desde Ciudad del Cabo! Le deseaba suerte a los muchachos y me reiteraba que, si necesitaba algo, no dejara de comunicarme con él. Su deseo por el éxito de los sudamericanos no bastó porque el Seleccionado Sudafricano ganó 24-9.
La revancha se disputó una semana más tarde, en Durban, al lado del Océano Ïndico. Por la mañana, llegó la voz del rubio desde el Atlántico. Se moría por acompañarnos pero no podía por sus ocupaciones. Otra vez triunfaron los Springboks, aun cuando la diferencia fue menor: 18-9. La novedad la aportó Juan Pablo Piccardo, quien consiguió los tantos sudamericanos ( sí, el que fue ministro del gobierno de Macri, en Buenos Aires). Por supuesto, cuando retornábamos a nuestra patria , hicimos una breve escala en Ciudad del Cabo y el rubio apareció en la sala de tránsito para saludarme y despedirse . Nunca me habían atendido con tanta gentileza.
Mi relación con el rubio hubiera sido olvidada si, algunos años más tarde, cuando Alfonsín era el presidente, una noticia no me hubiera producido un shock: el rubio estaba en todos los diarios y el mundo hablaba de él. ¡Ah!, todavía no les dije cómo se llamaba el rubio: era Alfredo Astiz; sí el "ángel de la muerte", a quien los militares lo habían alejado, en 1980, de la Argentina y lo habían escondido en Sudáfrica y quien era para mí, en ese entonces, un ilustre desconocido...
La otra historia que quedó grabada con fuego en mis experiencias pasó dos años más tarde, en 1982. Los Pumas hicieron una gira por Francia, unos meses después de la Guerra de las Malvinas. Todavía se imponían los militares, aun cuando se vislumbraba un nuevo amanecer y se advertía que llegaba la democracia .
Estaban programados dos "tests": uno en Toulouse y, el otro, en París. Cuando llegamos a la ciudad donde nació Carlos Gardel, quedé fascinado por sus casas y, como buen gordo, por su gastronomía. Cuando estábamos en el hotel , se presentó un argentino futbolista: Angel Marcos, radicado en Francia y en Toulouse desde hacía años. Me contó que tenía un club de tenis y, como le habían dicho que me gustaban las raquetas, me invitó a jugar a su estadio, ya que los "courts" estaban bajo techo.
Acepté y, la jornada previa al choque entre "Les Bleus" y Los Pumas , fui a las canchas de Marcos. Lo pasé muy bien y, cuando retorné a nuestro albergue, sucedió algo extraordinario: en el suelo de mi habitación, echado por debajo de la puerta, había un sobre. No tenía remitente y sólo decía : " Au Journalist Nicanor González del Solar". Nada más, sin otra referencia y con un anonimato pleno. Abrí el sobre y viví una de las sorpresas más importantes de mi vida: Era un pequeño libro que decía: "AMNESTY INTERNATIONAL. Argentine: Témoignage sur les camps de detention secrets" ( "Argentina: Testimonios sobre los campos secretos de detención").
Ahora, 28 años después, recuerdo con claridad mi sorpresa, estupor y, también, fascinación, por lo que un desconocido me había dejado. Allí, en distintos capítulos, estaba denunciado el régimen de "lesa patria" que habían impuesto nuestros militares. Yo conocía los rumores pero, como nunca había tenido una información precisa, las denuncias parecían exageradas. En el libro que me dejaron estaban las declaraciones de los presos que habían podido escapar y daban noticia de los que habían sido asesinados.
En diferentes capítulos ("Introducción" a cargo de un "sobreviviente"; los campos; los interrogatorios; la vida en los campos; las trasferencias y la llamada "solución final") desgranaban la barbarie que habíamos vivido en nuestra nación y que, la mayoría, habíamos ignorado.
Este breve libro me abrió los ojos y, desde ese momento, la gira de rugby quedó en segundo plano. Irrumpió mi indignación y mi fastidio por haber sido engañado. Cuando se lo conté a los otros periodistas, uno de ellos me advirtió: " Cuidado cómo lo ingresás en la Argentina. No te olvides que, todavía, están los milicos". Entonces, mi enojo se transformó en preocupación y miedo.
Francia se impuso en los dos "test-matches": 25-12 en Toulouse y 13-6 en París. En la ciudad donde me dejaron el libro, Los Pumas también padecieron el oprobio: un grupo de manifestantes los recibió con pancartas y gritos: " ¡ Son los representantes de los tiranos y asesinos!" . Injusta acusación porque nuestros muchachos no tenían nada que ver con lo que había sucedido en nuestra nación.
Faltaba algo más: el último cotejo se realizó en Madrid, ante el Seleccionado español. Allí sí se impusieron Los Pumas ( 28-19) y yo me engolosiné con las librerías de La Gran Vía , la avenida comercial. Cuando revisaba los ejemplares descubrí un "best-seller", prohibido en Chile. Era una novela que relataba la historia de un desaparecido norteamericano, que había trabajado en Santiago en los tiempos de Pinochet. Había ayudado a que muchos opuestos al régimen militar se escondieran y, como consecuencia, ese "yankee" pagó con su vida ese noble accionar.
Finalmente, pegué la vuelta de Europa con el Seleccionado de rugby. Llegaba el momento temido: mi paso por la aduana con los dos libros: el anónimo que me alcanzaron en Toulouse y la novela de denuncia. ¿ Cómo me las arreglé ? Escondí las dos publicaciones en mis genitales y me puse una campera larga. Atravesé el corredor aduanero y, con mi familia, me fui a casa.
Después llegó la libertad y los argentinos pudimos votar. Más adelante descubrí que " El informe de la CONADEP" detallaba varias partes del libro que me llegó en Toulouse. Desde entonces, lo he conservado como un regalo magnífico, entregado en forma anónima, que quiso ilustrarme sobre la realidad de unos gobernantes que habían impuesto el horror y el espanto en nuestra patria.






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