PUMAS CON HONOR

Los Pumas deslumbraron por su entrega, su garra, su fervor. Pasó en Nueva Zelandia y, para sorpresa mía, también en la Argentina. Los locales del Mundial 2011 recibieron a un equipo tenaz, que nunca se dio por vencido, aun cuando era superado en la obtención de la pelota, en los resultados parciales y en el dominio del terreno.



He tenido el privilegio de cubrir todas las Copas William Webb Ellis (Mundial de rugby) realizadas hasta ahora.
Así como en 1987 éramos 100 periodistas, en 2011 fueron más de 1.000. Lo mismo pasó con los argentinos que representaban a la Unión Argentina de Rugby.

En la primera edición, allá en Las Antípodas, pasaron inadvertidos y los hinchas que los acompañaron se contaban con las manos. Este año la situación es totalmente distinta. Los miles de sudamericanos que presenciaron los tests-matches en Dunedin, Invercargill, Wellington, Palmeston North y Auckland dejaron un sello imborrable para los los calmos isleños neocelandeses, quienes nunca habían recibido unos "supporters" , tan ruidosos y próximos a posturas de carnaval.

¿Por qué se trasladaron al otro lado del planeta tantos compatriotas; muchos poco conocedores de las características del juego de los tackles y de los scrums? Porque Los Pumas contagian entusiasmo, admiración, fidelidad.
Al ver la intensidad con que cantan el Himno Nacional; cuando detienen a cualquier gigante que se ponga enfrente; cuando pelean, estoicos, en toda la cancha; cuando quieren continuar en el partido, aun con una pierna, un brazo o la cara en malas condiciones, fisuradas, rotas o heridas.
Ese coraje y esa solidaridad entre los 15 jugadores, en suma, crearon una atmósfera extraordinaria que, según me contaron, también se reflejó en nuestro país. Muchísimos pasaron la noche en vela y esperaron, ansiosos, las imágenes que llegaban desde el futuro, 16 horas adelante.

No oculto que me pareció notable porque, antes del Mundial 2011 , nadie confiaba en nuestro seleccionado de rugby.
Lo comparábamos con el plantel de 2007, tercero en el magno certamen que se hizo en Francia, y lamentábamos las ausencias de Juan Hernández, Agustín Pichot, Ignacio Corleto, Rimas Alvarez; cracks que parecían insustituibles.
También recordábamos que la UAR ( Unión Argentina de Rugby) no pudo organizar partidos contra rivales importantes , los meses previos al viaje a Nueva Zelandia. Salvo Gales, los otros oponentes fueron " chamuchina" (palabra de Jorge L. Borges). Para colmo, los celtas apabullaron a nuestros muchachos en Cardiff.

Sí, todo pintaba mal para el equipo nacional argentino de rugby, antes de que comenzara la Copa William Webb Ellis. Pero, una vez más, nuestros Pumas sacaron fuerzas de flaquezas y cumplieron con su tarea, apoyados en su fenomenal vergüenza deportiva y en su mística, base de su juego, donde la entrega física y anímica son los fundamentos en las tareas de cada protagonista argentino.

Nueva Zelandia es un país admirable. Tiene 4.000.000 de habitantes, los maoríes y los europeos están integrados, su economía es firme ( aunque se quejan de que Australia los absorbe), su moneda- el dólar - tiene casi el mismo valor que el de Estados Unidos. La gente rebosa cordialidad y siempre te reciben con los brazos abiertos y te respetan.

He ido seis (6) veces a esas islas del Océano Pacífico Sur. La primera fue en 1989, cuando necesitábamos tres días para llegar a destino ( Buenos Aires-Santiago de Chile- Isla de Pascua- Papette- Nueva Zelandia ).
Siempre fui bien recibido por la prensa y por los vecinos en las diferentes localidades. Aunque no nos conocíamos, el amor por el rugby nos unió. Esa relación afectuosa se ha mantenido desde entonces y, en este 2011, se hizo más sólida porque ellos son los anfitriones del Mundial, algo que esperaban con ansiedad.

Auckland, la ciudad más populosa, estuvo tensa en los días previos al comienzo del certamen de naciones. Había festivales musicales, multicolores prendas de los locales y de los turistas, quienes lucían las de sus equipos. Los argentinos, por supuesto, llenaban los negocios donde se vendían las camisetas, los remeras, los sacos; todo lo que estaba relacionado con el mundial. Tan importante eran esos comercios que, un día, encontré a la mismísima Copa William Webb Ellis, protegida por guardias armados. Todos nos sacamos fotos, aunque después me dijeron que era una réplica.

Esa ciudad junto al mar explotó el día del comienzo de la competencia. Antes, durante y después de la Ceremonia Inaugural ( poco original) hubo fiesta en el puerto, donde lo mejor fue la llegada y el desfile de las canoas maoríes, que reproducían lo que había sucedido hace siglos, cuando unos polinesios se trasladaron de isla en isla, guiados por la intuición y las estrellas.

Después de la victoria categórica de los All Blacks ante Tonga, la fiesta continuó. Yo vivía al lado del mar y observé atónito ( como había sucedido en 1999, en Cardiff) una borrachera general de grandes, chicos, mujeres y, por supuesto, hombres.

Pensaba que la algarabía desaparecería en la Isla del Sur, cuando me trasladé a Dunedin. Había estado 21 años atrás y no había cambiado demasiado. La novedad la aportaban los hinchas argentinos, llegados desde los sitios más diversos de nuestra patria. Muchos optaron por trasladarse en casas rodantes, no muy confortables, pero accesibles a a nuestra débil moneda . Fueron ellos los que revolucionaron Dunedin, después, Invercargill, las dos localidades sureñas donde Los Pumas enfrentaron a Inglaterra y a Rumania. Lo afirmo: en esos dos partidos iniciales , los Pumas fueron locales.

En su debut , los ingleses cometieron una torpeza: se presentaron con camisetas negras ( que nunca más utilizaron) , algo excluyente de los All Blacks. A los neocelandeses les cayó pésimo y, como consecuencia, se pusieron del lado de los argentinos. Aplaudían a nuestros muchachos y abucheaban a Jonny Wilkinson cuando pateaba la pelota hacia los postes.

Más al sur, en la ciudad que tiene una latitud semejante a Ushuaia, otra vez los lugareños se divirtieron con la fiesta de los sudamericanos. En una cancha chica, todo era celeste y blanco. Había muy pocos rumanos y más de 3.000 argentinos, que alentaron del principio al fin. A mi me divirtió un sureño ,ubicado al lado al palco de prensa, que saltaba y acompañaba a los parciales de Los Pumas, cuando gritaban " el que no salta es un inglés". No entendía nada pero apoyaba a esos vibrantes hinchas que cantaban en un idioma extraño para él. Al fin de cuentas, esos sureños no eran para nada ingleses , ya que Invercargill fue colonizada por escoceses, eternos rivales de los hombres de " La Rosa" .

Antes del tercer partido, tuvimos una semana para hacer turismo. Recorrí distintas localidades de la isla del sur, donde todos son calmos, respetuosos y bien dispuestos. Me sorprendió un sitio, parecido a nuestro Bariloche. Se llama Queenstown y es el sitio preferido por los australianos para sus vacaciones. En invierno están las pistas de esquí y varias canchas de golf. En el verano se divierten en el lago o escalan los cerros próximos a la coqueta ciudad. Toda esa región, además, vivió la fiebre del oro. Como pasó en otros tiempos en Norteamérica o en Sudáfrica, sucedió lo mismo allí, donde irrumpieron europeos, chinos y, por supuesto, individuos de las islas del Océano Pacífico.

En todo el Sur encontré argentinos, que trabajaban en diferentes tareas. Muchos eran empleados de los hoteles y , el más próspero , tiene una fábrica de chocolates, helados y ...¡ alfajores!. Ya posee dos locales y honró a nuestra nación con el nombre de sus negocios: " Patagonia".

La pléyade de compatriotas se juntó en Wellington, la capital de Nueva Zelandia y, después de la victoria ante Escocia, se reunieron en Palmerston North y Auckland; tres localidades de la Isla del Norte. Si bien no llamaban tanto la atención, igual fueron fieles a los jugadores argentinos. Como nunca, Los Pumas supieron que su valentía y su exuberante defensa eran reconocidas por esos compatriotas que cruzaron un enorme mar y se desvivieron por alentarlos en cada compromiso.

Insisto: muy pocos confiaban en el plantel de Pumas 2011. Lo digo con sinceridad: yo no pensaba que veteranos como Ledesma, Scelzo o Farías podían rendir tanto y ser tan importantes en el grupo. Del mismo modo, tampoco creía que inexpertos como González Amorosino, Imhoff , Bosch, Figallo o Lalanne podían adaptarse al ritmo y la tensión de un Mundial y jugar con eficiencia. Loa mayores mostraron cómo había que ir siempre hacia adelante y no aflojar nunca ; los jóvenes aportaron su desenfado y su calidad.

El criticado técnico de nuestro equipo nacional, Santiago Phelan, logró una hazaña: mezcló hombres maduros con otros imberbes y la fusión resultó magnífica: Los Pumas están entre los ocho mejores de la Copa William Webb Ellis y confirmaron que son capaces de participar en un Torneo con Australia, Sudáfrica y Nueva Zelandia. Lo más importante: fogueó a muchachos que seguirán con firmeza los pasos de los mayores que se retiran .

A pesar de los contratiempos, nuestro equipo nacional jugó en Nueva Zelandia mejor de lo que se esperaba y contó con "treintañeros y veintiañeros", que sólo merecen aplausos y admiración.