LA PASION GALESA
Aun cuando los neocelandeses aman este deporte, el fervor celta de los galeses supera a los nativos del PacÃfico Sur.
He tenido el privilegio de visitar varias veces a esa pequeña región de la Gran Bretaña y siempre quedé fascinado por el clima emocional y festivo que se vive los dÃas de los cotejos.
Aun cuando, históricamente, han sido sojuzgados por los ingleses, nunca perdieron sus tradiciones, sus hábitos, su lengua. Estos admirables galeses, además, dejaron de lado la "flema" británica y aportaron al rugby un color fenomenal, expresado en sus cantos, cada vez que se reúnen en una cancha.
Su idiosincrasia se manifestó desde que la pelota ovalada llegó a sus tierras. No sólo fue un entretenimiento de los alumnos de los colegios secundarios o de los universitarios, sino que se hizo carne en hombres de diferentes niveles sociales. La clase media, la de los mineros, la de los médicos o abogados quienes, todos los sábados se juntaban para soltar su fervor y practicar su deporte nacional: el rugby.
Gales, por su parte, formó al mejor jugador de todos los tiempos: Gareth Edwards, un medio-scrum brillante. Tuve el gusto de conversar varias veces y siempre fue cordial, simpático, pÃcaro. Fue Gareth quien definió como nadie a su patria y sus preferencias.: "Crecer en Gales significó dos cosas para mÃ: rugby los sábados, iglesia los domingos. Nunca se cruzó nada diferente durante mi juventud".
Esta astro máximo del rugby fue, además, un eximio atleta. En 1965, Edwards ganó, con récord, en el Campeonato Nacional de Atletismo Estudiantil de Gran Bretaña, la especialidad de 200 yardas con vallas. El célebre rugbier mantiene todavÃa su marca imbatible porque, poco después, esta modalidad con vallas desapareció. Segundo se clasificó Alan Pascoe, después campeón europeo y del Commonwelth (el Imperio) en los 400 metros con vallas. Pascoe, además, consiguió la medalla de plata en las OlimpÃadas de Munich, cuando integró la posta británica 4 x 400. ¿Por qué hago referencia a este corredor? Para destacar cuán rápido era Edwards, una virtud que aprovechó muchÃsimo con la camiseta de Gales y del club Cardiff, a quien representó toda su vida.
El compañero de Edwards en la pareja de medios, Phil Bennett, fue el verdugo de Los Pumas en el partido de 1976 cuando, en tiempo adicionado, convirtió un penal (después de empujar la pelota hacia adelante, mientras el referà retaba a Alejandro Travaglini) y permitió que Gales triunfara 20-19.
Bennett quedó en la historia porque comenzó el movimiento que culminó con el try de su amigo Edwards, en el inolvidable partido contra los All Blacks, en 1973. Casi debajo de sus postes, el medio-apertura giró y fabricó un ataque, donde la pelota pasó de mano en mano, con el concurso de varios galeses: Bennett, John Dawes, Tom David y, con un remate fabuloso, el astro Gareth. Los británicos lo catalogaron "el mejor try de la historia" principalmente porque sirvió para derrotar a los neocelandeses.
Phil Bennett, además, alentó a los rugbiers galeses, cuando era capitán y estaban por enfrentar a Inglaterra. Reunió al grupo dentro de la cancha y les dijo: "Estos que están del otro lado, nos robaron las tierras, explotaron nuestros minerales y violaron a nuestra mujeres... Contra ellos jugaremos hoy". Va de suyo que, después de esa arenga, Gales ganó el test match.
El PaÃs de Gales también está cerca del corazón de los argentinos. Como se sabe, un grupo dejó la Gran Bretaña, hartos del dominio inglés, y se animó a trasladarse a la Patagonia. Fueron los colonos que, después de distintas penurias, llegaron a "La Tierra Prometida" y se establecieron en el Chubut. Fundaron ciudades como Trevelin, donde cultivan la tierra y mantienen las costumbres ancestrales.
El año pasado, 2010, estuve en la hermosa Trevelin y visité el Museo Galés, donde se conservan admirables objetos traÃdos en carreta. Además, fui invitado por el dueño de la Casa galesa de Té a deleitarme con las tortas y dulces tradicionales.
No muchos saben que dos rugbiers famosos del PaÃs de Gales fueron invitados por los jugadores argentinos de Chubut, ( los que están del lado de la cordillera) y participaron en el Seven Anual de la UAR ( hoy URBA), disputado en San Isidro, en la cancha de CASI. Eran el medio-apertura Jonathan Davies y el wing de las vocales (asà lo bauticé porque tiene cuatro en su nombre) Ieuan Evans. Los llevaron los muchachos del club "Patoruzú" y, después de que jugaran en la Patagonia, los llevaron a Buenos Aires.
Aunque los chubutenses no eran muy fuertes, el refuerzo de los dos galeses fue significativo: llegaron hasta la semifinal y el público admiró las destrezas de Davies y de Evans. Yo relataba rugby por radio, sentado en el techo de una camioneta. Lo invité al pintoresco Jonathan y, mientras descansaba, se quedó conmigo. Era todo un personaje, que quedó maravillado con el sándwich de chorizo y con las chicas argentinas.
Ieuan jugó en el seleccionado galés de 1987 a 1999. Era un puntero rápido y muy sólido en defensa. En el primer Mundial, el de 1987, marcó cuatro tries en un partido: contra Canadá, que terminó 40-9. Aun cuando le ofrecieron pasar al Rugby League (profesional en los´80) se quedó en su club Llanelli y, por un perÃodo corto, en el inglés Bath. También fue un "British Lion", en la gira a Nueva Zelandia de 1988.
Jonathan Davies, por el contrario, alternó el rugby amateur con el profesional. Sumó "caps" (reconocimiento de un test entre naciones) entre 1985 y 1997. Pero lo hizo sin continuidad, ya que militó en el "League" entre 1988 y 1995. Cuando apareció el dinero en el "Rugby Union" (el otrora amateur) retornó al club Cardiff, donde se habÃa formado. A los 33 años, Jonathan se dio el gusto de representar a Gales en tres tests-.matches más. Fue un medio apertura brillante, hombre clave en el tercer puesto de su paÃs en ese primer Mundial.
Quise que compartiéramos estas asociaciones y referencias con los galeses para ponernos en clima. Los Pumas, nuevamente, están en el Millennium. Inauguraron este estadio en 1999, cuando comenzó la Copa William Webb Ellis. Con algún regalo del referÃ, los locales batieron a los argentinos. Después, la fiesta interminable y alcohólica. Yo la titulé "Aquelarre" porque parecÃa una reunión de brujos. Las calles estaban llenas de borrachos, que cantaban, gritaban y se abrazaban. No era para menos: contra viento y marea inauguraron su nueva casa, vencieron a los sudamericanos y fueron locales en el certamen más importante del rugby. Desde temprano habÃan bajado de los valles y se juntaron en los pubs, donde la cerveza nunca dejó de beberse.
No me caben dudas de que sucederá lo mismo en este año 2011.






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