Recordando mundiales

El privilegio de haber asistido a todos los Mundiales de Rugby, llamados Copa William Webb Ellis , me ha permitido sumar muchas anécdotas que, más allá del análisis de los partidos y de los resultados, valen porque se produjeron "in situ", en las sedes de estos magnos certámenes.



El primero, como se sabe, fue en 1987 y el anfitrión fue Nueva Zelandia. Australia también recibió equipos en las ruedas iniciales y, principalmente, en la semifinal entre Wallabys y franceses. Este match quedó entre mis recuerdos más gratos con el rugby.

Viajé desde Auckland a Sydney con los galos. Durante el vuelo conversé largamente con el técnico Jacques Fouroux, el primero que invitó a rugbiers argentinos para jugar en su club, Auch. (una digresión: ¿quienes militaron en esa ciudad del sur francés: Sandro Iachetti, Andrés Courreges, Fernando Morel, Rodolfo Ventura, entre otros). En ese vuelo de cuatro horas, mientras cruzábamos el Océano Pacífico, la televisión de los Estados Unidos quiso entrevistar a Fouroux. Pero había un problema: el "petit General" no hablaba inglés y los "yankees" desconocían el francés. Entonces Fouroux apeló a mí y me obligó a hacer un esfuerzo intelectual excepcional: la pregunta se decía en inglés y yo la traducía al francés; después hacía lo mismo, pero al revés. Supongo que salí airoso porque todos quedaron conformes.

La semifinal se disputó en un estadio pequeño, en un barrio alejado del centro de Sydney, ubicado en una avenida con nombre aborigen: Parramata Road. Allí estaba la cancha, llamada Concord Oval. Participaron rugbiers extraordinarios, que brindaron un cotejo inolvidable. Las destrezas de los galos Sella (el mejor centro del mundo), Lagisquet, Berbizier, Rodríguez, Lorieux (de brillante tarea), Dubroca y, principalmente del negro Serge Blanco brillaron en Sydney y fueron claves para la victoria ante los australianos por 30-24.

Los Wallabies no se quedaron atrás y, con la calidad de Campese, Lynagh, Farr-Jones, Poidevin y Lawton, bien acompañados por los restantes jugadores, estuvieron cerca de llegar a la final. El duelo cambió constantemente y, cuando se jugaba tiempo adicionado, el local estaba adelante en el tanteador. Pero una acción notable entre Lorieux, Rodríguez, Lagisquet y Blanco permitió que el full-back apoyara uno de los tries superlativos de la Historia de los Mundiales de Rugby.

Mi privilegio como espectador no terminó con el desenlace de la semifinal. Bajé de la tribuna y fui al vestuario francés. Todo era algarabía y, cuando lo encontré a Fouroux, nos abrazamos como si yo fuera galo. El entrenador me reservaba otra emoción: de repente, me dijo "ven, acompáñanos". Lo seguí y, con los jugadores, retornamos al campo de juego. Ya había caído la tarde y, para sorpresa mía, los protagonistas hicieron un círculo y, abrazados, comenzaron a cantar, guiados por el pilar Pascal Ondarts, dueño de una excelente voz. Estaba la televisión francesa y algunos curiosos como yo. Lo afirmo: pocas veces me sentí tan conmovido como en ese atardecer de Sydney, en el estadio Concord Oval. Fui, qué duda cabe, un testigo privilegiado de un suceso íntimo del equipo nacional francés, finalista en 1987.

Ese primer mundial me dejó otras imágenes. Los Pumas, por caso, se concentraron muchos días en una localidad próxima a Hamilton, donde no tenían casi distracciones. Vivían en un hotel con poco lujo y sólo se entretenían con un billar y una pileta muy reducida. Era una zona de verano, bastante desolada en el otoño -invierno neocelandés. Los periodistas nos albergábamos por los alrededores y, si nos despreocupábamos, no teníamos donde comer a la noche. Todo cerraba a las cinco de la tarde y únicamente quedaba una cadena hindú, con escasos alimentos.

Los argentinos, a mi juicio, subestimaron a Fiji. Como habían visitado nuestra patria en 1980 y el equipo nacional ganó los dos test-matches que disputaron, se pensó que- siete años después- los batirían sin problemas, apoyados en la potencia de los forwards en los scrums. Nada más equivocado.

Los isleños habían contratado a un entrenador neocelandés que estudió bien a Los Pumas. Corrigieron errores en las formaciones fijas y contaron con la notable velocidad de sus backs que vulneraron varias veces el ingoal argentino. Fiji ganó, merecidamente, 28-9 y dejó comprometido a nuestro seleccionado. Aunque Porta acertó un penal y la conversión de un try (derrumbe de los isleños en un scrum a cinco metros), ensayó algo insólito para él: por primera vez, puso la pelota sobre un montículo de arena, algo desacostumbrado para el brillante medio-apertura, que le impidió contar con su habitual puntería.

Si bien la Argentina derrotó 25-16 a Italia, quedaba un hueso demasiado duro de roer: los All Blacks. Sin embargo, se dio una situación peculiar: como Italia superó a Fiji, se produjo triple paridad de puntos. Aunque los neocelandeses superaran a los argentinos por más de 100 tantos, lo que importaba eran los tries que apoyaran los sudamericanos. Con tres conquistas continuaban en el primer Mundial, porque se tenía en cuenta la cantidad de tries a favor. Pero no lo lograron: cayeron 46-15 ante los hombres de negro y Juan Lanza apoyó el único try sudamericano. Fue Fiji, en definitiva, quien pasó a la segunda ronda.

Yo me quedé hasta el final y fui testigo del fervor de los neocelandeses y el crecimiento de su seleccionado, vilipendiado antes de la Copa Mundial. Pero la conquista de "superman" Kirwan, en el debut contra Italia, cambió a los aficionados: el poderoso wing tomó la pelota cerca de su ingoal y arrancó; dejó en el camino a ocho rivales y apoyó en el ingoal europeo . Fue una jugada individual notable, nunca igualada. Desde ese momento, los All Blacks contaron con un apoyo masivo, sostenido por los progresos de su seleccionado , después primer Campeón Mundial.

Son imágenes, misceláneas de situaciones y experiencias que viví en las Copas William Webb Ellis. Esta vez retrocedí a 1987. En otro momento avanzaré a 1991, 1995, 1999, 2003 y 2007. Todos esos Mundiales me dejaron recuerdos que compartiré con ustedes.