Recuerdos "Invictos"
La proyección del film de Clint Eastwood "Invictus" permitió que mucha gente descubriera un suceso excepcional: la gravitación de un presidente para que el seleccionado nacional de rugby, símbolo de la segregación hasta 1995, se transformara en el equipo de toda la nación sudafricana.. Eso es lo que describe, con admirable capacidad el gran director norteamericano, con la presencia de dos actores extraordinarios, Morgan Freeman y Matt Damon, que actúan en los roles de Nelson Mandela y de Francois Peinar, el capitán de los Springboks.
Este trabajo lo escribí hace unos años pero se adecua perfectamente al momento actual, donde cobró vida lo que sucedió en 1995 en la República de Sudáfrica, con su pueblo sin el "appartheid" (el nefasto "desarrollo de razas separadas", defendido por los blancos ). A pesar de que todos votaron y Mandela ganó cómodamente la presidencia, su patria no estaba integrada. Fue allí cuando el notable estadista decidió apoyar a los Springboks para que toda su gente sintiera a ese seleccionado de rugby como el de todos los ciudadanos y no solamente de un grupo de "afrikaneers" (los descendientes de holandeses e ingleses)
Yo estuve del principio al fin en esa edición de la Copa William Webb Ellis de 1995 y asimilé experiencias fantásticas. Lo que describí antes sobre ese Mundial de rugby , recuperó actualidad, gracias a la película. Espero que les guste.
Pocas veces una figura ajena al rugby gravitó tanto en una victoria como el insigne Nelson Mandela en 1995 . Nunca olvidaré la final entre los Springboks y los fabulosos All Blacks, cuando el presidente de Sudáfrica apareció con la camiseta verde del capitán Francois Pienaar, con el N° 6 en la espalda, antes del éxito de los Springboks por 15 a 12, en el segundo tiempo extra .
Sólo ese estadista, que estuvo casi tres décadas preso por defender sus ideas, pudo unir a todos los sudafricanos: blancos, mestizos y negros. Fue tan trascendente la figura de Nelson Mandela, Premio Nobel de la Paz, que consiguió lo imposible: la hermandad de las razas y la concreción del "slogan" de Sudáfrica : "one country, one team, one mission" ( "un país, un equipo, una misión"). Va de suyo que la "misión" de los Springboks era ganar el Mundial de 1995.
La historia de esa tercera Copa "William Webb Ellis" comenzó cinco semanas antes, cuando en Ciudad del Cabo, el 25 de mayo de 1995, el Seleccionado de Sudáfrica venció 27-18 a Australia, el campeón mundial. Si bien la fiesta posterior fue interminable, la Ceremonia Inaugural fue grandiosa. Los organizadores tuvieron la inteligencia y el talento de mostrar todas las culturas, las lenguas, las canciones y los bailes de los distintos grupos étnicos que viven en Sudáfrica. Así vimos a los agresivos Zulús golpeando el piso con vigor; a los nativos de la Provincia del Cabo que bailaban como lo hacían los primeros negros que llegaron esclavos al Brasil. Lo más pintoresco fue escuchar a los Xhosa, que hablan con sonidos palatales.
Cuando la cancha estaba cubierta de representantes de todas las tribus y de los descendientes de holandeses, ingleses, indios y franceses ( los "hugonotes" se establecieron en la Provincia del Cabo, donde producen un vino exquisito) , llegaron los artistas. Los mejores intérpretes de Sudáfrica, blancos y negros, cantaron, bailaron y deslumbraron a los espectadores. El tema del Mundial " World in Union" tuvo diferentes arreglos y todos resultaron armoniosos. A pesar de que los privilegiados espectadores gozábamos y estábamos espiritualmente emocionados con ese extraordinario show cultural, todavía no había llegado lo que, después, quedó como uno de los recuerdos más gratos de mi vida.
El encuentro
Luego de las canciones , los bailes y los coros, los representantes de todas las comunidades y de todos los oficios se ubicaron alrededor de la cancha. Fue allí cuando aparecieron dos jugadores muy conocidos en Sudáfrica. Dieron la vuelta al campo de juego, mientras se hacían pases con una pelota. Cuando estuvieron debajo del palco de autoridades, Dany Gerber, uno de los Springboks más famosos, le entregó la pelota a un niño negro que, acunado por una ovación, caminó unos metros y le regaló esa pelota a Nelson Mandela, ataviado con ropas informales, las que utiliza cualquier hombre negro sudafricano.
Mientras observaba la ceremonia, advertí que, detrás del notable estadista, estaba Hugo Porta, el embajador de la Argentina y uno de los rugbiers más admirados en esa república africana. Cuando el presidente se dio vuelta, observé que el Palco Oficial estaba al lado del sector de prensa. Sin remilgos comencé a gritarle al ex capitán de Los Pumas. "¡Hugo, Hugo: decíle a Mandela que lo quiero saludar!" Mi vozarrón llegó a Porta quien me hizo un gesto y, para alegría mía, le dijo algo a uno de los individuos más admirados en el mundo. Mandela levantó la cabeza, sonrió y, cuando subía las gradas rodeado de guardaespaldas, giró hacia la izquierda y se acercó a mi ubicación, pegada a una baranda baja, que separaba a la prensa de las autoridades. No me acerqué solo, también lo hicieron otros periodistas, sorprendidos y halagados por la determinación del gran Nelson.
Los instantes siguientes quedaron entre mis recuerdos más gratos. La autoridad máxima de Sudáfrica quedó a un metro de mí y estiró su brazo. Me dio la la mano a mí y a los otros colegas. Fue emotivo e inolvidable. No pude ocultar mis lágrimas, porque había saludado a un paladín de la libertad, un hombre que, luego de permanecer casi treinta años en la cárcel, fue elegido presidente y , en lugar de vengarse de sus captores, alentó el respeto, la tolerancia y, principalmente, la unión de todos los grupos en Sudáfrica.
Esa primera jornada del Mundial coincidió con nuestro día de la Patria. Era el 25 de mayo y el embajador argentino , Hugo Porta, dio un almuerzo en "Sea Point", un suburbio de Ciudad del Cabo al lado del mar, que había sido nuestro lugar preferido en 1965, cuando los primeros Pumas descubrimos esa bellísima ciudad sudafricana. Más allá de encontrarme con muchos argentinos que residían en ese país, comprobé nuevamente la popularidad del ex capitán de Los Pumas en esa nación apasionada por el rugby. Un año antes, en 1994, cuando la Argentina enfrentó a los Springboks, Hugo Porta ya era embajador y uno de los extranjeros más respetados, porque los sudafricanos no habían olvidado su talento y, sobre todo, el "test-match" de 1982 cuando el N° 10 marcó todos los puntos y consiguió la única victoria del seleccionado argentino ante el equipo nacional sudafricano. Incluso el mismísimo Nelson Mandela, cuando veía desde la prisión los partidos internacionales, era admirador de Hugo Porta.
En ese almuerzo cantamos el Himno y brindamos por nuestro Equipo Nacional. Lástima que Los Pumas no estaban en Ciudad del Cabo, concentrados para su debut contra Inglaterra, que se haría dos días más tarde en Durban, al lado del Océano Ïndico.
Luego de esa apertura, de las emociones, de la brillante Ceremonia Inaugural, del triunfo sudafricano ante Australia , muchos dirigentes de la International Board respiraron aliviados. No fue fácil para ellos tomar la decisión de designar a Sudáfrica como sede del tercer Mundial. Los Springboks habían sido los grandes ausentes en las Copas de 1987 y 1991. Las instituciones internacionales ordenaron un boicot a ese país dominado por los blancos, que impusieron el "appartheid", el perverso sistema que alentaba el desarrollo de razas separadas. El aislamiento se produjo en todos los órdenes: comerciales, culturales y deportivos. Ese desdén de la comunidad internacional alejó al rugby sudafricano y no lo invitaron a los dos primeros Mundiales.
Pero llegó un día que la presión surtió efecto y, a regañadientes, el presidente De Klerk aceptó en el Parlamento a representantes de los grupos étnicos segregados: los mestizos y los negros. Ese primer paso llevó a otro más importante: elecciones, con el voto de todos los ciudadanos de Sudáfrica ( "One man, one vote"). Allí ganó Nelson Mandela y comenzó una nuera era para Sudáfrica. Al mismo tiempo, finalizaron las trabas y, entonces, los Springboks retornaron al rugby internacional.
Cuando los dirigentes de la International Board recibieron la propuesta de Sudáfrica para organizar el Mundial de 1995 no sabían qué hacer. ¿ Habría venganzas contra los "Europeos" ( ése era el eufemismo hipócrita que , en la época del racismo, dividía a los hombres en los colectivos: "europeans" y "non europeans" que concurrieran a la Copa William Webb Ellis?, ¿ Si les ocurría algo a los jugadores? Ya habían escuchado las amenazas del líder de los Zulús, que rechazaba " el Mundial de los blancos" y, por todo ello, los temores crecieron.
Muchos miembros del Board propusieron otras sedes pero los sudafricanos dieron todo tipo de garantías , apoyados en el prestigio de Nelson Mandela , que ya era el Presidente de la República. Entonces se concretó uno de los sueños de esa nación apasionada por el rugby: organizar el Mundial de 1995.
Durante la Copa William Webb Ellis comprobamos que los rumores y los miedos eran infundados. Sólo en Johannesburg, donde era peligroso salir de noche , fue necesario albergarse en un suburbio llamado "Santown", un reducto de los blancos muy protegido. En las restantes sedes ( Ciudad del Cabo, Port Elizabeth, Pretoria, Stellenbosch, East London, Durban, Bloemfontein y Rustenburg) nos movimos como si estuviéramos en casa y cumplimos plenamente nuestra tarea periodística.
La alegría definitiva llegó en el desenlace: con todos los sudafricanos apoyando a su presidente( quien, en la final, lució la camiseta del capitán Piennar) se consagraron Campeones Mundiales , después de batir en un alargamiento a los All Blacks, que contaron con el jugador más famoso del mundo, el fortísimo Jonah Lomu, quien no pudo doblegar la implacable defensa sudafricana.
Los de camiseta verde( con el Springbok en el pecho) ganaron con el alma y una nación entera participó del júbilo. El más alegre era ese señor canoso, moreno y bueno: Nelson Mandela, el mismo que me dio la mano , cuando comenzó la Copa William Webb Ellis, en Ciudad del Cabo.






Cargando...

