Un largo camino, muchacho

El título de este trabajo copia el "slogan" de una publicidad para mujeres, referida a una marca de cigarrillos. Nada más lejos de mí la promoción del tabaco ( al que rechazo totalmente) ,sino que utilizo esas palabras para sintetizar la evolución del periodismo en el rugby argentino. Sí, ha sido un largo camino.

 

 



Cuando comencé en el semanario El Gráfico escuché otra opinión cruel y desdeñosa hacia nuestro juego: " Un deporte de pocos, para pocos". Eso era lo que pensaban mis compañeros de la revista dedicados a otras disciplinas. El rugby era un "jueguito" practicado por "nenes cacas" a quienes les gustaba revolcarse por el piso. Así eran, también, lo que queríamos comentarlo y difundirlo.

Estudié periodismo en el " Museo Social Argentino" donde se aprendía , casi excluyentemente, el trabajo en medios escritos. No sólo eran escasos los programas radiales que no fueran musicales, sino que- referido al deporte- únicamente se admitían los relatos de fútbol y de boxeo. ¿ La televisión? Bien gracias, con poco desarrollo para cubrir algo más que no fueran los cotejos con pelota redonda o los rings de las trompadas. Una vez al año, irrumpían el tenis , el polo ,el basquet o... el rugby , rarezas para el gran público.

El largo camino recorrido. Aun cuando jugaba en la Primera de CASI, un amigo de mi papá - Mario Posse Romero- me incorporó al diario La Prensa que, en los ´60, publicaba una página, todos los lunes , con la información del campeonato de rugby porteño. En consecuencia, cumplí con mi sueño: comentar mi deporte pero, como sólo analizaba el partido donde yo jugaba, no existía el equilibrio periodístico . Un día, Posse Romero ( Jefe de deportes en La Prensa) me llamó enojado: ¡ Boludo, cómo escribís "nosotros", " ellos"!!! Sí, lo hacía muy lejos de la imparcialidad.

No vaya a creerse que en la empresa de los Gainza Paz el rugby estaba al mismo nivel que el fútbol, el automovilismo o el boxeo. No, los especialistas en pelota ovalada , tenis, hockey sobre césped, basquet , volley o las disciplinas olímpicas pertenecíamos a un entidad catalogada con el apelativo " Deportes Varios". Nos sentábamos al fondo de " la cuadra" ( un salón enorme, donde estaban los escritorios y las máquinas de escribir de los redactores) y, para que nos dieran un espacio, dependíamos de los goles que convirtieran Boca, Ríver, Independiente, Racing o San Lorenzo. También estábamos limitados por el triunfo de algún corredor de autos famoso, o por los " upper cut" que tal o cual púgil había dado el sábado a la noche, en el Luna Park.

Un largo camino, recorrido antes que yo por " próceres" del periodismo de rugby. El primero fue mi maestro, un abogado de origen irlandés que escribía correctamente en inglés y en español. Durante los días se semana trabajaba como abogado y, los sábados y domingos, opinaba en el " Buenos Aires Herald" y en "El Gráfico". Se llamaba Hugo Mackern y firmaba sus trabajos con el seudónimo " Free Lance". Sus comentarios eran seguidos como textos sagrados por los jugadores y dirigentes de nuestro deporte. Antes de los partidos, nos decían en el vestuario " Está Hugo; denle una buena impresión". Años después, tuve el privilegio de reemplazarlo en el semanario deportivo más famoso de Latinoamérica, El Gráfico.

Hugo Mackern no fue el único periodista que se ocupó en la segunda parte del siglo XX de lines y scrums. Mario Posse Romero ( La Prensa), Eduardo Maschwitz (La Nación), Diego Bonadeo ( el papá de Gonzalo) y otros ( cuyos nombres se me escapan) se esforzaron por darle difusión al rugby.
Fueron seguidos por otra generación: Alberto Riobó, Alberto Fidalgo, Mario Wainer (este último fue la firma de un diario que, años antes, no tomaba en cuenta a este deporte: Clarín.)
Con Fidalgo y Wainer dimos la vuelta al mundo, cuando acompañábamos a Los Pumas en sus giras anuales.

Un camino larguísimo, hasta llegar a la pléyade de jóvenes periodistas que, hoy, dedican sus afanes al rugby. Antes hubo que luchar para que las radios y la televisión permitieran que este juego de la pelota rara llegara a los lectores, oyentes y televidentes. Fueron Posse y Maschwitz los que, en el viejo Canal 7, comentaron las imágenes ( en blanco y negro, registradas con cámaras rotundas) de clásicos como CASI-SIC , Belgrano-CUBA, los clubes importantes de esos años. Por supuesto, también los test-matches de Los Pumas, cuando nos visitaban seleccionados extranjeros.

Un día, llegó la TV por cable y el rugby dio un gran salto. Nació un humilde canal, llamado Cable Visión, ubicado en la calle Roque Sáenz Peña, a metro del Club Atlético de San Isidro. Cubría un par de manzanas y tuvo una existencia efímera. Pero, unos meses después, nació VCC ( Video Cable Comunicación) y se estableció en Martínez. Como se afincó en el partido de San Isidro, donde el rugby es el deporte principal, le dieron una singular importancia. Y, como yo era un periodista local, ex jugador del viejo club de San Isidro y un ex Puma, me llamaron para que comentara los partidos que, semanalmente, iban a difundir, luego de un convenio con la UAR (Unión Argentina de Rugby). Fue así que , un sábado de febrero, en la cancha del SIC, con una cámara modesta y un camarógrafo subido a una escalera, relaté el primer partido por cable. Lo hice mientras existió VCC ( 20 años) y sé que contribuí decididamente a la difusión de nuestro deporte.

Más tarde retornó Cable Visión y, en distintas zonas y provincias de nuestra república, los tackles fueron descubiertos y apreciados por un público numeroso. En el tercer milenio se estableció ESPN y, después de comprar los derechos de transmisión a la UAR y a la novel URBA , le dio un formidable empujón a los partidos locales e internacionales.

Hemos recorrido un largo camino, sí. Hace unos meses, durante la realización del Mundial de Rugby, en Nueva Zelandia, quedé sorprendido con la enorme cantidad de periodistas de nuestra patria que viajaron a Las Antípodas. Llegaron a la tierra de los All Blacks desde todas las provincias argentinas y de naciones vecinas. Los encontraba , con su juventud , en las Salas de Prensa, en las Conferencias, en los hoteles y sitios de entrenamientos de Los Pumas. Reflejaban un fervor inédito y volcaban sus opiniones y observaciones a medios escritos, radiales y televisivos de distintas regiones, sólo hermanadas por el idioma español.
Cuando se realizó el primer Mundial de 1987, también en Nueva Zelandia, los hombres de prensa latinos fuimos muy pocos. Ahora, por el contrario, fueron muchos. Va de suyo que , como ya recalqué, hemos recorrido un largo camino.

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